7 de mayo de 2011

EL LARGO CAMINO DE LA VENGANZA
Capítulo V - El Rastro

Sin poder evitarlo, su mano se fue inconscientemente hacia la funda de la pistola. Una llamarada de ira recorrió todo su cuerpo. Todo el odio acumulado el último año amenazaba con estallar en ese mismo instante. Nunca los había tenido tan cerca como hasta ahora y no podía hacer nada.

Tuvo que ver impotente cómo se subían a su nave, la Kabuto, y abandonaban tranquilamente el planeta. Criticorum no era precisamente un mundo incivilizado como Cadavus. No era el lugar apropiado para plantar batalla en medio de un espaciopuerto. No era el momento, ya les pillarían en espacio profundo, donde la Némesis les daría la ventaja.

-No se preocupe -le dijo su nuevo aliado -Están confiados, no irán muy lejos.

El Sr. Sweet era el tipo de escoria con la que uno debía mezclarse cuando hace un trabajo sucio como éste. Aún así, Engel encontraba al Carroñero especialmente desagradable. No sabía si era ese aire de comadreja o su irritante tono nasal al hablar, pero se alegraba de que Sweet no fuera a acompañarles en el viaje.

El Carroñero había prosperado mucho en su profesión y había hecho muchos enemigos por el camino. Entre ellos se encontraban Jack Pinto y sus amigos, quienes iban tras Sweet. Eso lo había convertido en aliado natural de Engel. Sweet aportaba una impresionante red de contactos que ya les había permitido llegar hasta su presa y además uno de sus "hombres" había insistido en unirse a la tripulación de la Némesis.

Engel miró de reojo al gigantesco vorox que aguardaba a pocos metros de su jefe. Garrocce parecía mucho más civilizado que otros miembros de su raza. O al menos todo lo civilizado que podía ser un matón del Gremio de los Carroñeros. Pero eso era sólo lo que translucía en el exterior, en sus ojos se podía leer la fiereza de un depredador nato.

Sin conocer todos los detalles, Jonathon imaginaba que el motivo de Garrocce para querer participar de forma directa en la cacería tenía que ver con su pata mutilada. A el vorox le faltaba una de sus seis miembros, lo que le obligaba muchas veces a tener que desplazarse de una forma mucho más animalesca de la habitual en un vorox civilizado.

El grupo se acercó hacia un desagüe donde Pinto se había detenido antes de subir a la nave. Espantaron a un grupo de indigentes que usaban el túnel de refugio y observaron con curiosidad el suelo. El Auriga había cogido algunos de los restos de entre la basura y los había colocado en una extraña configuración, como si fuera algún tipo de mensaje en clave. ¿Tal vez fuera alguna extraña tradición de pilotos? Lo que era improbable es que fuera algo que tuviera que ver con ellos. No sospechaban la que se les venía encima.

-Creo que es hora de soltar a los perros, señor Engel -dijo Sweet con ese desagradable pito que tenía por voz.

Acto seguido dio un puntapié y destrozó los símbolos que había en el suelo.

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